Noticias 10 de febrero
El impulso que dejó al S&P 500 a un paso de máximos históricos entra en una fase de pausa táctica: tras dos ruedas muy fuertes, el mercado luce más sensible a la dinámica de tasas que al flujo de resultados. Con los inversores esperando el arranque de una batería de datos —comenzando por ventas minoristas y luego consumo, empleo e inflación— el “pricing” de la trayectoria de la Fed vuelve a ser el principal catalizador. En ese contexto, los Treasuries muestran un tono más firme, con el 10 años bajando hacia 4,18%, mientras el dólar se estabiliza tras dos sesiones de retroceso, reordenando el liderazgo dentro de renta variable y obligando a una lectura más selectiva del rally.
En Estados Unidos, el telón de fondo es el de un rebote con compresión de múltiplos y rotación hacia sectores más ligados a la economía real. El mercado viene digiriendo una normalización del PER del S&P 500 desde niveles cercanos a 28,5x hacia ~24x, un rango intermedio que suele percibirse como más “defendible” y que reabre espacio para compras oportunistas después del desapalancamiento reciente.
En paralelo, se consolida una rotación desde el complejo de software/IA hacia materiales, energía e industria, mientras que el universo de pequeñas capitalizaciones prolonga el repunte con +0,7% y muestra su mejor dinámica de crecimiento de EPS desde 2022, apoyada por señales más firmes en manufactura y producción. A esto se suma un componente estructural que el mercado vuelve a poner sobre la mesa: la reducción sostenida de las tenencias chinas de Treasuries —desde ~US$1,3 billones en 2015 a ~US$0,7 billones hoy (cerca de -50%)— como parte de una diversificación gradual, que refuerza episodios de debilidad generalizada del dólar y alimenta el debate sobre el rol relativo de los activos estadounidenses como refugio.
Europa transita la sesión con un sesgo mayormente plano, pero con divergencias claras a nivel sectorial y corporativo: se mantiene el interés por historias de re-rating en lujo, mientras el mercado exige señales creíbles de disciplina financiera en energía. En renta fija, el movimiento acompaña el tono global más defensivo, con rendimientos soberanos levemente a la baja, en una lectura donde el crecimiento sigue siendo el ancla y la política monetaria —aunque restrictiva— se percibe con mayor margen de flexibilidad si la desaceleración se consolida.
En Asia, el tono constructivo se apoya en dos ejes: por un lado, la resiliencia del “trade” de semiconductores, respaldado por datos sólidos de ventas y la continuidad del ciclo de inversión asociado a inteligencia artificial; por otro, la dinámica cambiaria, donde el fortalecimiento del yuan y el ajuste gradual de exposición a activos en dólares refuerzan la narrativa de repatriación de flujos hacia mercados locales. El resultado es un MSCI Asia Pacific que logra sostener avances, con mejor tracción en los mercados más expuestos a la cadena de valor de hardware y servidores.
En commodities, el petróleo se mantiene estable, mientras que los metales preciosos siguen firmes: el oro se sostiene por encima de US$5.000, apoyado por tasas más contenidas y demanda de cobertura en un contexto de elevada sensibilidad a datos macro y rotación de carteras. Con el mercado nuevamente “data-dependent”, la agenda inmediata gana peso: el pulso del empleo y la inflación será clave para validar si este equilibrio —pausa en índices, soporte en bonos, dólar contenido y rotación sectorial— se consolida o da paso a un nuevo tramo direccional.
@ Marex/Stella Capital
