Noticias 20 de marzo
Los mercados cierran la semana bajo un régimen claramente dominado por la guerra. La combinación de escalada militar, disrupción energética y endurecimiento implícito de los bancos centrales está desplazando el eje del mercado desde crecimiento e inteligencia artificial hacia inflación, tasas reales y seguridad del suministro. El cambio más importante no es solo el nivel del petróleo, sino que el mercado empieza a contemplar que el conflicto podría durar más de lo esperado, con consecuencias económicas más persistentes.
En Estados Unidos, el tono sigue deteriorándose. Los futuros del S&P 500 caen 0,7%, los del Nasdaq 100 retroceden 1% y el Dow Jones también pierde 0,7%, en lo que sería la racha más larga de pérdidas semanales para el S&P 500 desde marzo de 2025. La renta variable enfrenta un entorno especialmente adverso: el petróleo alto presiona la inflación, reduce el margen para recortes de tasas y golpea con mayor fuerza a los sectores de larga duración, particularmente tecnología de alto múltiplo. En la práctica, el mercado ya descuenta cero recortes de la Fed en 2026, un giro muy significativo frente al esquema que predominaba antes del shock energético.
El principal catalizador sigue siendo el conflicto en Medio Oriente. La filtración sobre una posible operación para tomar o bloquear Kharg Island elevó la atención del mercado, aunque la reacción inicial fue relativamente contenida, señal de que una parte de la escalada ya estaba parcialmente incorporada en precios. Aun así, el trasfondo operativo es mucho más delicado de lo que sugieren los movimientos superficiales: el Estrecho de Ormuz sigue virtualmente cerrado, se contabilizan al menos 25 ataques a embarcaciones comerciales desde el 28 de febrero y el Pentágono ya solicitó USD 200.000 millones en fondos de guerra. Todo esto apunta a un conflicto menos breve de lo que el mercado esperaba hace apenas unos días.
En renta fija, el repricing continúa. El Treasury a 10 años sube hasta 4,30% y el tramo corto se tensiona aún más, con el 2 años en 3,89%, reflejando que el mercado ya no opera una simple desaceleración de crecimiento, sino un riesgo de inflación más persistente asociado a energía. El dólar avanza 0,4% y consolida su rol de refugio. La combinación es claramente defensiva: bonos cayendo, dólar firme y acciones sensibles al crecimiento liderando las pérdidas.
La presión sectorial también es muy clara. Los ganadores relativos de la semana han sido energía integrada, servicios petroleros y defensa, mientras que los mayores rezagos se concentran en tecnología de alto múltiplo, aerolíneas, consumo discrecional y mineras de oro. Incluso el oro, tradicional refugio, no ha escapado al ajuste: cae a USD 4.687 y se encamina a su peor semana desde el inicio de la pandemia, con una baja cercana al 10% desde la zona de USD 5.000. Esto refleja una dinámica menos convencional, donde el aumento de rendimientos reales y la fortaleza del dólar están neutralizando parcialmente el rol tradicional del metal como cobertura.
En Europa, el cuadro es más delicado que en Estados Unidos. El Stoxx Europe 600 cae 0,5% y revierte el intento de rebote previo, mientras la región sigue apareciendo como una de las más vulnerables al shock energético. La razón es doble: exposición directa al encarecimiento del petróleo y, sobre todo, gran sensibilidad al mercado de refinados y gas. El gas natural europeo llegó a subir 35%, más del doble de sus niveles previos al conflicto, y el impacto en jet fuel y costos industriales eleva claramente el riesgo de estanflación. En renta fija, la presión es todavía más severa: el bund a 10 años sube a 3,00%, el gilt a 10 años salta a 4,94% —máximo desde 2008— y el mercado ya descuenta plenamente tres subidas de tasas por parte del BCE y del Banco de Inglaterra en 2026.
Ese es probablemente el cambio más importante en la lectura sobre Europa: el mercado ha pasado, en cuestión de días, de debatir cuándo llegaban los recortes a debatir cuántas subidas adicionales podrían verse si el shock energético se consolida. Eso deja a la región particularmente expuesta, porque combina crecimiento más débil con inflación al alza, exactamente el tipo de escenario que más daña tanto a bonos como a acciones. En divisas, el euro cae a 1,1543 y la libra a 1,3370, ambas presionadas por la fortaleza del dólar y el deterioro del cuadro macro regional.
En Asia, las caídas son algo más moderadas, pero el deterioro del entorno global también se siente. El MSCI Asia Pacific pierde 0,6% y el MSCI Emerging Markets 0,5%, con la región particularmente vulnerable al impacto indirecto del conflicto vía energía, comercio y tasas americanas. El yen se deprecia hasta 158,84 por dólar y el yuan offshore también cede, una señal de que el dólar sigue dominando la ecuación de flujos. La exposición de Asia a costos energéticos elevados y a cadenas de suministro más frágiles deja a la región sensible a un conflicto más largo, incluso si el shock inmediato se concentra en Medio Oriente y Europa.
En commodities, el petróleo continúa siendo el gran driver del mercado. El Brent sube 1,6% hasta USD 110,44 y consolida niveles muy elevados tras haber tocado USD 119,11 intradía el día anterior. El WTI también sigue alto, y el spread entre ambos se amplía por las distorsiones logísticas y de suministro. Más allá del crudo, el mercado empieza a entender mejor la cadena de transmisión del shock: fertilizantes nitrogenados, gas, refinados y especialmente jet fuel. Europa importó más del 35% de su jet fuel en 2025, y con Ormuz restringido, los refinados están subiendo más rápido que el propio petróleo, lo que convierte el problema energético en un shock de costos mucho más amplio y persistente.
En cripto, el comportamiento sigue siendo más activo de riesgo que de refugio. Bitcoin cae 0,3% hasta USD 70.286 y Ether 0,6% hasta USD 2.133, en línea con un mercado global donde la liquidez se está replegando y el posicionamiento se vuelve más defensivo.
En síntesis, el mercado deja de operar una guerra corta y empieza a incorporar la posibilidad de una campaña más larga, con Brent sostenido en 110–120, inflación global reacelerando y bancos centrales endureciendo en un entorno de crecimiento a la baja. Mientras no haya una señal oficial clara que descarte una escalada sobre Kharg Island o una reapertura efectiva de Ormuz, el sesgo seguirá siendo favorable para energía, defensa y coberturas, y claramente más desafiante para tecnología de alto múltiplo, aerolíneas y todos los sectores altamente sensibles a tasas reales. La variable resolutoria ya no es el dato macro; es la geopolítica.
@ Marex/ Stella Capital
