Noticias 27 de marzo
Los mercados terminan la semana en un tono claramente risk-off, con una combinación de guerra prolongada, shock energético físico y renovadas fricciones comerciales que está desplazando la discusión desde crecimiento e inteligencia artificial hacia inflación, tasas y disrupción real de suministro. El punto clave ya no es solo que el Brent vuelva a superar los USD 100; es que el mercado empieza a asumir que el daño económico del cierre de Ormuz y de los ataques a infraestructura energética está por hacerse visible en inventarios, fletes y costos industriales.
En Estados Unidos, los futuros del S&P 500 caen 0,3%, los del Nasdaq 100 0,5%, y el mercado se encamina a su quinta semana consecutiva de pérdidas, la racha negativa más larga desde 2022. El deterioro ya no responde solo a volatilidad táctica: el Nasdaq sigue por debajo de sus medias de 200 y 21 días, mientras los CTAs han vendido alrededor de USD 55.000 millones en bolsa estadounidense este mes y permanecen en posición corta. Eso implica que cualquier noticia diplomática creíble podría forzar recompras muy agresivas, pero, por ahora, el sesgo sigue siendo defensivo.
El gran catalizador sigue siendo el petróleo. En tu texto, el Brent se ubica por encima de USD 110 y el WTI cerca de USD 96,67; el documento de hoy refuerza que el shock ya está dejando de ser solo de precio para convertirse en un problema físico de suministro. El Estrecho de Ormuz permanece cerrado, el almacenamiento flotante en el Golfo superó los 120 millones de barriles, y lo que hasta ahora había sido un shock de flujo se está transformando en un problema de agotamiento de reservas. Asia lo siente primero; Europa y África lo verán en las próximas semanas; y Estados Unidos hacia fines de abril. Ese desfase temporal es crítico porque sugiere que, aun si hubiera avances diplomáticos, la normalización de precios y logística no sería inmediata.
Ese cuadro explica la presión sobre la curva. El Treasury a 10 años sube hasta 4,46% y el 2 años a 4,01%, niveles consistentes con un mercado que vuelve a poner en precio inflación más persistente y tasas más altas por más tiempo. La combinación de shock energético y tensiones comerciales con China refuerza el riesgo de un escenario de estanflación: crecimiento más débil, inflación más alta y menor margen para que la Fed alivie condiciones financieras. El documento es explícito en ese sentido: el mercado de bonos ya está descontando inflación persistente y una probabilidad creciente de nuevas subidas de tasas.
En el plano geopolítico, la situación empeora por dos canales al mismo tiempo. Primero, porque el ultimátum de Trump a Irán se volvió menos creíble: el mercado ya no responde de forma sostenida a extensiones de plazos o a mensajes políticos, y exige una señal verificable de reapertura física del Estrecho. Segundo, porque China abrió una investigación comercial contra Estados Unidos días antes de la cumbre Trump-Xi de mediados de mayo, introduciendo una segunda fuente de incertidumbre en un momento de máxima fragilidad macro. La implicancia es importante: el mercado enfrenta simultáneamente un shock de energía y un shock de política comercial, una combinación especialmente difícil para activos de riesgo.
En Europa, la fragilidad es aún mayor. El Stoxx Europe 600 cae 1% y se dirige a su peor mes desde el inicio de la pandemia, con una región mucho más expuesta al encarecimiento energético y al deterioro de condiciones financieras. Los rendimientos soberanos suben con fuerza: el bund alemán a 10 años alcanza 3,12% y el gilt británico 5,09%, reflejando un mercado que ya no solo descuenta inflación más alta, sino también tasas más restrictivas por más tiempo. El documento añade que Europa sigue particularmente vulnerable porque, cuando el shock físico llegue plenamente a la región, el impacto sobre precios y crecimiento será considerablemente más severo. Además, el gas europeo continúa tensionado, y el riesgo sobre refinados y combustibles mantiene vivo el miedo a un episodio de estanflación más agudo que en EE.UU.
En el frente corporativo europeo, la debilidad del entorno no impide que sigan apareciendo movimientos estratégicos, pero el tono general sigue siendo de mayor prudencia. Siemens Energy fue castigada después de que Morgan Stanley advirtiera riesgos de corto plazo ligados a la disrupción en Medio Oriente, una señal consistente con un mercado que penaliza a compañías expuestas a interrupciones operativas o a presión en márgenes derivada de energía. A la vez, los movimientos en el sector consumo, como los contactos entre Pernod Ricard y Brown-Forman, muestran que incluso sectores tradicionalmente más estables están operando bajo un telón de fondo más exigente.
En Asia, el tono también sigue deteriorándose. Los mercados regionales acumulan caídas de más del 10% en marzo, y la región permanece especialmente expuesta al shock energético por su dependencia de importaciones y por su sensibilidad al comercio global. El documento de hoy resalta que el problema físico del suministro ya está golpeando primero a Asia, y el link cambiario añade otra señal de estrés: el rupia india marcó un nuevo mínimo histórico, mientras el resto de las monedas asiáticas se mantuvo apagado ante la combinación de energía cara, fortaleza del dólar e incertidumbre diplomática con Irán. El yen ronda la zona de 159 por dólar, manteniendo viva la preocupación por posibles intervenciones si el debilitamiento se acelera.
En materias primas, el petróleo sigue siendo el corazón del problema, pero no es el único foco. El reporte sobre Rusia añade un elemento importante: productores rusos podrían declarar force majeure por ataques a puertos bálticos, lo que amenaza con reducir aún más la flexibilidad del mercado global de crudo y refinados. Esto amplía el shock más allá de Medio Oriente y refuerza la idea de que el sistema energético mundial está entrando en una fase de estrés simultáneo por varios frentes. El oro sube hacia la zona de USD 4.440, aunque el documento aclara que registró USD 6.300 millones en salidas esta semana, el mayor flujo de salida desde octubre. La explicación no es un cambio de fundamento, sino ventas forzadas por liquidez: países del Golfo sin ingresos de exportación, Turquía defendiendo su moneda y países asiáticos vendiendo reservas para pagar petróleo caro. Es decir, el metal está sufriendo por liquidez, no por una pérdida de su tesis estructural.
En cripto, el tono vuelve a ser de activo de riesgo más que de refugio. Bitcoin cae a USD 66.829 y Ether a USD 2.008, coherentes con una jornada de aversión al riesgo y liquidez más escasa. La divergencia con el oro es útil: mientras el metal cae por ventas forzadas, las criptomonedas siguen reaccionando más como beta alta que como protección frente a crisis sistémicas.
La lectura operativa de hoy es clara: el mercado está en fatiga informativa activa. Los plazos de Trump ya no mueven de forma sostenida; solo importan hechos verificables, especialmente una reapertura real del Estrecho de Ormuz. Mientras eso no ocurra, el sesgo sigue favoreciendo energía integrada, defensa y materiales críticos, con mucha más cautela en tecnología de alto múltiplo, aerolíneas y plataformas digitales que, además de sensibilidad macro, ahora enfrentan un nuevo frente legal. La gran variable del cierre de semana sigue siendo una: si el G7 apoya o no escoltas navales en el Estrecho, porque esa sería la primera señal con capacidad real de cambiar el régimen del mercado.
@ Marex/ Stella Capital/ Investing
