Noticias 31 de marzo
Los mercados cierran el trimestre con un rebote táctico, pero todavía dentro de un régimen dominado por energía, tasas y geopolítica. El alivio de esta mañana responde a la percepción de que Washington podría dar por cumplidos sus principales objetivos militares sin forzar, al menos por ahora, una reapertura inmediata del Estrecho de Ormuz. Esa lectura mejoró el tono de apertura, pero no elimina el problema de fondo: el estrecho sigue prácticamente cerrado, el flujo energético continúa alterado y la prima de riesgo sobre el crudo sigue siendo estructuralmente alta.
En Estados Unidos, los futuros del S&P 500 suben alrededor de 0,8% y el Nasdaq 100 avanza cerca de 1%, recortando parte de un mes que se encamina a ser el peor desde 2022. El rebote, sin embargo, no debe confundirse con normalización. El mercado viene de una corrección profunda: el S&P 500 acumula cerca de -9% en el trimestre, el P/E del índice se contrajo 17% desde máximos y más de la mitad de las acciones del Russell 3000 ya cae al menos 20% desde sus picos. Eso no describe complacencia; describe una corrección avanzada, en la que parte importante del daño en valuaciones ya fue absorbida, aunque sin una señal clara de recesión de ganancias.
La renta fija acompaña con una mejora moderada. El Treasury a 10 años baja a 4,33%, reflejando una cierta moderación en expectativas de tasas, y el mercado vuelve a centrar la atención en si la Reserva Federal tratará el alza del petróleo como un shock puntual o como un factor con capacidad de contaminar inflación de forma más persistente. La diferencia con Europa empieza a ser relevante: el mercado interpreta que Powell estaría más dispuesto a mirar a través del shock energético, mientras que el BCE y el Banco de Inglaterra suenan más inclinados a reaccionar. En este contexto, el verdadero riesgo para la renta variable no es el petróleo por sí solo, sino que las tasas se mantengan demasiado altas durante demasiado tiempo.
El trasfondo geopolítico, sin embargo, sigue siendo ambiguo. El optimismo de la apertura se apoya en la idea de que la Casa Blanca podría cerrar la campaña militar sin haber reabierto Ormuz, trasladando luego la presión diplomática a aliados del Golfo y europeos. El problema es que esa estrategia no resuelve el núcleo operativo del shock: aun con acuerdo, la normalización de flujos no sería inmediata. De hecho, el mercado de crudo está empezando a incorporar precisamente eso: no solo la posibilidad de un acuerdo, sino también el hecho de que la cadena logística quedó dañada y que un esquema de peajes o acceso selectivo mantendría una prima de riesgo permanente sobre los flujos.
En Europa, el rebote es más visible. El Stoxx Europe 600 sube 1,3% y se encamina a su primera secuencia de tres ruedas positivas desde el inicio del conflicto, apoyado por la corrección del petróleo y por un posicionamiento muy castigado. Sin embargo, el fondo macro se deterioró claramente: la inflación de la eurozona subió a 2,5% interanual en marzo, desde 1,9% en febrero, con energía +4,9%, el primer dato concreto que muestra el traslado del conflicto a precios. Esto explica por qué, aun con el rebote en equity, el mercado ya descuenta hasta tres subidas de tasas del BCE este año y mantiene una lectura mucho más dura sobre el margen de maniobra monetario de Europa.
En renta fija europea, la recuperación es ordenada, no plena. El bund alemán a 10 años se mueve en torno a 2,97%–3,03% y el gilt británico cerca de 4,88%–4,92%, coherente con una baja parcial de presión, pero todavía dentro de un régimen de inflación más incómodo. El matiz importante lo puso Christine Lagarde: sugirió que el BCE podría mirar a través de un shock energético si resulta transitorio, aunque el tono general en Europa sigue siendo más hawkish que en Estados Unidos. Eso deja a la región atrapada entre un alivio táctico en mercado y un cuadro macro que sigue luciendo más frágil que antes del conflicto.
En Asia, el tono también mejora, con el MSCI Asia Pacific subiendo 1,9% y el índice de mercados emergentes 1,7%, pero la región sigue siendo una de las más sensibles al shock energético. El rebote viene más por compresión del miedo que por una mejora estructural del cuadro. Aun así, algunos desarrollos corporativos siguen sosteniendo la narrativa de crecimiento en tecnología: el posible listado de SK Hynix en Estados Unidos y la persistente demanda por memoria ligada a inteligencia artificial mantienen vivo el interés por semiconductores, incluso en un entorno de macro más duro.
En materias primas, el mensaje es más matizado que en días previos. El Brent cae 4,6% hacia USD 99,72, perforando nuevamente la zona de USD 100, mientras el WTI retrocede desde niveles extremos. Pero el mercado no está comprando un escenario de normalización rápida. El propio cuadro físico sigue siendo delicado: el Estrecho permanece mayormente cerrado, el almacenamiento flotante en el Golfo superó los 120 millones de barriles y, aun con una reapertura relativamente rápida, la reconstrucción del sistema dejaría un vacío operativo durante semanas. Los escenarios de precios siguen siendo muy amplios: si las disrupciones persisten, los analistas manejan un rango de USD 100–190 para el Brent, con un promedio de USD 134.
El oro vuelve a actuar como cobertura y rebota hacia la zona de USD 4.558–4.615, apoyado por la baja del crudo y la moderación del dólar. Lo relevante aquí es que la corrección reciente del metal no respondió a un deterioro de su tesis estructural, sino a factores tácticos: tasas reales más altas, fortaleza previa del dólar y ventas forzadas por liquidez. Los drivers de largo plazo siguen intactos: compras de bancos centrales, diversificación del dólar, deuda global elevada y demanda asiática. En ese sentido, el oro parece más una oportunidad táctica que un activo estructuralmente debilitado.
En cripto, el tono acompaña la mejora del apetito por riesgo, con Bitcoin subiendo a la zona de USD 71.236 y Ether hacia USD 2.182, aunque el movimiento sigue siendo el de un activo procíclico más que el de un refugio. La señal es clara: cuando el mercado compra una reducción marginal del peor escenario, las criptomonedas recuperan beta; cuando reaparece la tensión, vuelven a comportarse como activos de liquidez y riesgo.
La conclusión es que el mercado está eligiendo, otra vez, leer el escenario optimista. Y hay razones para hacerlo: el posicionamiento era extremadamente defensivo, el daño en múltiplos ya fue considerable y la presión política para evitar una guerra más larga es real. Pero esa lectura convive con hechos que obligan a cautela: Irán sigue sin aceptar los términos, el Estrecho no está normalizado y aun una solución relativamente rápida dejaría precios energéticos altos durante algún tiempo. El rebote de hoy es válido, pero su sostenibilidad depende de una sola variable: que la desescalada pase del relato a la operativa
@ Marex/ Stella Capital
