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Noticias 6 de abril

Los mercados arrancan la semana con un tono algo más constructivo, aunque todavía dentro de un régimen de alta fragilidad y dependencia absoluta de los titulares geopolíticos. El alivio inicial viene de nuevas versiones sobre un posible esquema de desescalada —incluyendo un cese al fuego inmediato, reapertura del Estrecho de Ormuz y una ventana de 15 a 20 días de negociaciones directas—, pero el cuadro de fondo sigue lejos de estar resuelto. La señal más importante es que el mercado empezó a aceptar que el piso táctico de la corrección podría haber quedado atrás, aunque el escenario sigue siendo binario y altamente sensible a cualquier ruptura del frente diplomático.

En Estados Unidos, los futuros del S&P 500 avanzan cerca de 0,3% y el Nasdaq 100 alrededor de 0,5%, extendiendo el rebote después de una semana en la que el S&P logró cortar una racha de cinco caídas consecutivas. El mercado está intentando construir una recuperación sobre dos pilares: por un lado, la idea de que el shock de guerra ya fue parcialmente descontado en valuaciones; por otro, la percepción de que la Casa Blanca todavía tiene incentivos para empujar una solución negociada antes de que el costo económico y político del conflicto siga escalando. Aun así, la mejora sigue siendo táctica más que estructural: las probabilidades de un acuerdo definitivo en las próximas 48 horas continúan siendo bajas, y la coexistencia de señales de diálogo con nuevos ataques sobre objetivos clave mantiene al mercado operando con cautela.

El frente energético sigue siendo el eje central. El Brent opera por debajo de los máximos recientes y se ubica en torno a la zona de USD 108, mientras el WTI cede hacia el área de USD 110, en una moderación que ayuda al sentimiento, pero que no elimina el problema de fondo: los precios siguen muy por encima de sus niveles preconflicto después de haber subido cerca de 50% en el último mes. Eso significa que el alivio actual reduce presión, pero todavía no devuelve al mercado a una dinámica compatible con una desinflación limpia. En renta fija, la volatilidad de las últimas ruedas comenzó a moderarse, aunque el mercado sigue muy atento a cualquier dato que pueda redefinir la trayectoria de tasas. El empleo de marzo sorprendió al alza con 178.000 puestos, pero la composición fue más mixta, lo que mantiene abiertas las dudas sobre la verdadera solidez del crecimiento.

En términos de valuación, el deterioro previo ya dejó al mercado estadounidense bastante menos exigente que a comienzos de año. El S&P rebotó desde la zona de 6.343, nivel que empieza a ser leído por parte del mercado como un posible piso táctico de la corrección. A eso se suma una señal de posicionamiento relevante: insiders que habían adoptado una postura más cauta semanas atrás comenzaron nuevamente a comprar, reforzando la idea de que parte del daño de múltiplos ya fue absorbido. La tesis central para quienes vuelven a mirar riesgo estadounidense no pasa por negar la guerra, sino por reconocer que muchas compañías de calidad —particularmente en tecnología— llegaron a esta fase del conflicto con utilidades todavía sólidas y valuaciones considerablemente más atractivas que hace apenas unas semanas.

En ese contexto, el sector tecnológico vuelve a ser protagonista. El adjunto refuerza que el ciclo de inteligencia artificial sigue intacto: OpenAI cerró una ronda de USD 122.000 millones, alcanzando una valoración cercana a USD 852.000 millones, con Amazon y SoftBank entre los principales inversores. La lectura de mercado es clara: la guerra golpeó múltiplos y deterioró el sentimiento, pero no quebró la tesis estructural de IA. Por eso, la estrategia empieza a girar hacia recomposición selectiva en nombres tecnológicos de calidad, sobre todo en compañías castigadas por el shock geopolítico más que por deterioro fundamental. La advertencia, sin embargo, sigue vigente: segmentos como private credit continúan siendo áreas a evitar en esta fase del ciclo, dadas las tensiones de liquidez y valuación que vienen acumulando.

En Europa, el comportamiento sigue siendo más errático. El Stoxx Europe 600 alternó rebotes y caídas en función de cada novedad del conflicto, con un telón de fondo claramente más frágil que el de Estados Unidos. La razón es directa: el shock energético pega más fuerte sobre la región y ya empieza a verse en inflación. La eurozona registró en marzo una suba interanual de precios del 2,5%, el nivel más alto en más de un año, con energía como principal motor. Eso refuerza la expectativa de nuevas subidas de tasas del BCE, incluso en un entorno donde el crecimiento se desacelera. Europa, por lo tanto, sigue atrapada en la combinación más incómoda: mayor vulnerabilidad al petróleo, inflación al alza y menor margen de política monetaria.

En Asia, el tono sigue siendo relativamente más débil, aunque con alivio puntual cuando mejora el frente diplomático. La región permanece muy expuesta al costo de la energía y a la volatilidad del comercio global, mientras el yen se mueve cerca de 158,7 por dólar y el petróleo sigue marcando el humor de los activos asiáticos. El encarecimiento energético, sumado a la incertidumbre comercial, continúa siendo un freno para una recuperación más sostenida. Aun así, el mercado asiático conserva atractivo relativo por valuaciones y por exposición a manufactura, tecnología y exportaciones, especialmente si el petróleo logra estabilizarse.

En materias primas, además del petróleo, el oro mantiene un comportamiento firme como cobertura, aunque con oscilaciones relevantes. El adjunto incorpora una advertencia útil: el rally del oro ha sido extraordinariamente rápido y, combinado con el shock geopolítico, podría dar lugar a correcciones profundas si el conflicto pierde intensidad con mayor velocidad de la esperada. No es el escenario base, pero sí un riesgo que el mercado debe monitorear. En criptomonedas, la dinámica sigue siendo altamente sensible al apetito por riesgo global y, por ahora, más táctica que estructural.

En Latinoamérica, el adjunto deja una lectura especialmente constructiva. La región sigue siendo una de las grandes ganadoras del año, con Brasil destacándose como uno de los mejores mercados del mundo, con avances superiores al 24% en dólares. La visión sigue siendo favorable para exposición regional vía Brasil, México y cestas amplias latinoamericanas, en un contexto donde los flujos siguen corriendo y donde parte del capital global continúa rotando fuera de Estados Unidos. Al mismo tiempo, aparecen focos específicos a monitorear, como la tensión institucional en Colombia y el repunte inflacionario en Perú, pero la tesis de inversión regional sigue viva.

En síntesis, el mercado inicia la semana con una conclusión bastante clara: el rebote puede continuar, pero solo si la narrativa de desescalada empieza a transformarse en hechos verificables. El conflicto todavía no terminó, Ormuz no está completamente normalizado y los titulares siguen mandando. Sin embargo, el sell-off reciente dejó activos de calidad más baratos, el posicionamiento luce menos complaciente y la asimetría empieza a mejorar para quien entra con disciplina. La estrategia más razonable en este punto parece ser recomponer riesgo de forma gradual, en nombres de alta calidad, con especial foco en tecnología estadounidense golpeada por la guerra, mantener exposición a Latinoamérica y seguir evitando las zonas más frágiles del mercado, especialmente crédito privado.

@ Marex/ Stella Capital