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Noticias 7 de abril

Los mercados comienzan la jornada en modo de cautela activa, con un único foco dominante: el ultimátum que vence esta noche y la posibilidad de que el conflicto entre Estados Unidos e Irán entre en una nueva fase. La reacción de los activos refleja un equilibrio muy frágil entre expectativa de resolución y temor a una escalada mayor. Por un lado, todavía persiste cierta apuesta a que el conflicto pueda encaminarse hacia una salida en el corto plazo; por otro, la falta de avances concretos y la continuidad de los ataques mantienen al mercado en un escenario altamente binario, donde cualquier titular puede provocar movimientos bruscos e inmediatos.

En Estados Unidos, los futuros del S&P 500 caen 0,5%, el Nasdaq 100 retrocede 0,6% y el Dow Jones pierde 0,4%, en una señal de que el rebote reciente pierde tracción a medida que se acerca la hora de la definición. El mercado había logrado sostener cierto optimismo de fondo, apoyado en la idea de que Donald Trump todavía podría postergar una decisión o aceptar algún esquema intermedio de negociación, pero ese soporte convive con una realidad mucho más incómoda: las negociaciones no muestran señales claras de cierre, Irán rechazó formalmente propuestas previas y el riesgo de una intervención más agresiva sigue plenamente abierto. El resultado es un mercado que no está en pánico, pero tampoco en posición de construir una recuperación sólida mientras el Estrecho de Ormuz siga sin una reapertura verificable.

El impacto del petróleo sigue siendo el principal canal de transmisión hacia el resto de los activos. El Brent se sostiene en torno a 110 dólares y el WTI cerca de 114, con la gasolina en Estados Unidos ya por encima de 4 dólares por galón, lo que confirma que el shock energético ya está llegando al consumidor. Este repunte no se da en una economía débil, sino en una que todavía muestra señales de expansión. Los indicadores adelantados de marzo muestran una manufactura en 52,7, su nivel más alto desde 2022, y servicios en 54,0, ambos con fuerte presión en precios pagados. Esa combinación es particularmente delicada: crecimiento que sigue vivo, pero con inflación que vuelve a ganar fuerza. Bajo ese marco, el problema para la renta variable no es solamente el conflicto, sino la posibilidad de que las tasas permanezcan elevadas más tiempo del que el mercado quisiera.

Eso ya empieza a reflejarse en la curva. El Treasury a 10 años opera en 4,37% y el 2 años en 3,88%, niveles que muestran un mercado todavía bajo presión, aunque sin un quiebre desordenado. La lectura es clara: si el petróleo se mantiene alto y los datos de inflación empiezan a capturar el impacto de la guerra, la Reserva Federal tendrá menos margen para suavizar su discurso, incluso si el crecimiento empieza a enfriarse más adelante. El riesgo principal no es una recesión inmediata, sino un error de política monetaria en un entorno donde el mercado ya ha corregido de forma significativa y donde más de la mitad del Russell 3000 acumula caídas de al menos 20% desde máximos.

A nivel de sentimiento, el mercado sigue operando con prudencia, no con capitulación. La corrección de múltiplos ya fue severa: el P/E forward del S&P 500 se contrajo 18%, un ajuste históricamente asociado a recesiones o a ciclos de endurecimiento agresivo, aunque ninguno de esos dos escenarios sea todavía el caso base. Eso significa que una parte importante del daño ya fue incorporada en precios. Sin embargo, también cambió el comportamiento del inversor minorista, que dejó de comprar caídas y empezó a vender rebotes, desplazando flujos hacia renta fija y protección contra inflación. Esa modificación es relevante porque reduce uno de los amortiguadores más consistentes del mercado en fases de estrés.

Dentro del equity estadounidense, el tono sigue siendo muy selectivo. El documento subraya un contraste importante: mientras parte del mercado sigue penalizando activos sensibles a tasas y crecimiento, el ciclo de inteligencia artificial mantiene fortaleza estructural. Broadcom, por ejemplo, mejora en after-hours tras cerrar un acuerdo de largo plazo con Google para desarrollar procesadores de IA de nueva generación hasta 2031 y tras ampliar su exposición a capacidad de cómputo vinculada a Anthropic. Esa señal refuerza la idea de que el ciclo de inversión en IA no se ha roto; simplemente está siendo temporalmente opacado por la guerra, la energía y las tasas. En cambio, segmentos más frágiles como private credit siguen mostrando señales de estrés, con Blue Owl marcando mínimos históricos después de limitar reembolsos en dos fondos, un recordatorio de que las grietas financieras siguen abiertas.

En Europa, el comportamiento luce algo más resiliente en superficie, con el Stoxx Europe 600 subiendo 0,6%, pero el trasfondo sigue siendo especialmente delicado. La región continúa mucho más expuesta al shock energético y al riesgo de inflación importada. Los rendimientos del bund alemán y del bono británico se mantienen en niveles altos, en 3,01% y 4,84% respectivamente, mientras el mercado sigue descontando un tono restrictivo por parte del BCE y del Banco de Inglaterra. La inflación de la eurozona ya muestra el impacto del conflicto y el mercado sigue evaluando hasta qué punto el encarecimiento sostenido de energía, gas y refinados puede terminar empujando a la región hacia una combinación más clara de menor crecimiento y mayor inflación. En ese contexto, el rebote del equity europeo parece más una pausa táctica que una mejora estructural.

A nivel corporativo europeo, la sesión muestra fuertes divergencias. ASML cae tras nuevas restricciones propuestas por Estados Unidos sobre exportaciones tecnológicas a China, una señal de que la guerra energética y el frente geopolítico se entrelazan ahora con la rivalidad tecnológica. En contraste, Universal Music avanza con fuerza impulsada por especulaciones corporativas, en una muestra de que todavía existe espacio para historias idiosincráticas incluso dentro de un mercado dominado por macro y geopolítica.

En Asia, el tono es algo mejor, con el MSCI Asia Pacific subiendo 0,9%, aunque la región sigue extremadamente sensible al petróleo, al dólar y a cualquier evolución en Medio Oriente. El yen se mantiene estable, mientras el yuan offshore gana algo de terreno. Sin embargo, la mejora del sentimiento regional no cambia el punto central: Asia sigue siendo una de las regiones más expuestas a una prolongación del shock energético, tanto por su dependencia de importaciones como por el impacto que esto tiene sobre manufactura, balanza externa y comercio.

En materias primas, el petróleo sigue siendo el verdadero termómetro del sistema. Aunque hoy luce más estable en torno a los niveles actuales, el mercado físico continúa mostrando una tensión extrema, con primas spot elevadas y un cierre del Estrecho que sigue siendo más efectivo de lo que reflejan algunos titulares. El oro sube hacia 4.685 dólares por onza, manteniendo su función de cobertura en medio de la incertidumbre, aunque su comportamiento ya no es lineal y depende también del movimiento simultáneo de tasas reales y dólar. En criptoactivos, el tono es más débil: Bitcoin y Ether retroceden, confirmando que el segmento sigue operando más como beta de riesgo que como refugio alternativo.

En síntesis, el mercado entra en una de las jornadas más decisivas de las últimas semanas con una lógica muy simple: todavía existe suficiente esperanza como para evitar una capitulación, pero no suficiente evidencia como para justificar una toma de riesgo agresiva. La economía estadounidense sigue creciendo, la inflación probablemente subirá en los próximos meses y el factor resolutivo sigue siendo uno solo: si esta noche el ultimátum termina en aplazamiento, negociación o escalada. Hasta que eso se aclare, el mercado seguirá operando bajo una niebla densa, con energía cara, tasas elevadas y una convicción todavía insuficiente para salir del modo defensivo.

@ Marex/ Stella Capital