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Noticias 8 de diciembre

Estimados, buen comienzo de semana

Los mercados inician la semana en tono de espera, con los futuros del S&P 500 prácticamente sin cambios y el índice a un paso de nuevos máximos históricos. El foco inmediato está en la última reunión de la Reserva Federal de 2025, donde un recorte de tasas está prácticamente descontado, pero el debate gira en torno al margen que tendrá el banco central para seguir flexibilizando durante 2026 en un contexto de inflación todavía elevada y visibilidad limitada tras el prolongado shutdown estadístico. El Nasdaq avanza ligeramente, mientras que los Treasuries extienden las caídas: el rendimiento del bono a 10 años sube hacia 4,15% tras su peor semana en ocho meses, dejando al mercado muy sensible al tono que adopte Powell en la rueda de prensa del miércoles.

En el frente corporativo estadounidense, la atención se reparte entre movimientos puntuales y cambios de composición en los índices. Netflix sube más de 1% en el premarket después de que comentarios del presidente Trump sugirieran posibles preocupaciones antitrust en torno a la adquisición de Warner Bros Discovery, lo que mantiene el tema regulatorio en el radar. Paralelamente, CRH, Carvana y Comfort Systems repuntan tras confirmarse su incorporación al S&P 500, mientras Unilever completa la escisión de su negocio de helados bajo la marca Magnum Ice Cream Co., con una valoración inicial por debajo de las expectativas del consenso.

En Europa, las bolsas arrancan la semana sin una dirección definida, con el Stoxx 600 prácticamente plano y un tono de prudencia tras episodios recientes de volatilidad. En renta fija, el bloque fue el epicentro de las ventas globales de bonos después de que Isabel Schnabel señalara que las tasas del Banco Central Europeo podrían haber tocado piso, lo que impulsó el Bund a 10 años hacia 2,84%. La libra y el euro se mantienen estables frente al dólar, reflejando un mercado que aguarda más claridad desde la Fed antes de reposicionarse de forma más agresiva en divisas y curvas soberanas.

En Asia, el tono es relativamente más constructivo. Los índices de China continental se ven apoyados por los mensajes del Politburó, que estableció como prioridad para 2026 el impulso de la demanda interna, reforzando la narrativa de estímulos graduales orientados al consumo. En Japón, los rendimientos suben en toda la curva tras confirmarse una contracción económica en el tercer trimestre, lo que complica el escenario previo a la próxima reunión del Banco de Japón y mantiene abierta la discusión sobre futuros ajustes en la política ultraexpansiva. A nivel sectorial, destacó la fuerte corrección de Pop Mart ante señales de desaceleración en sus ventas en Estados Unidos, recordando al mercado la sensibilidad de las compañías de consumo discrecional a la demanda externa.

En el complejo de commodities y activos digitales, el dólar se mantiene prácticamente estable, mientras Bitcoin repunta cerca de 2% y Ether acompaña con una suba similar, después de varias semanas de presión vendedora. El petróleo WTI cede alrededor de 1% y cotiza por debajo de los 60 dólares el barril, reflejando preocupaciones sobre la demanda global y una oferta que continúa holgada. El oro vuelve a avanzar y se mantiene firme en torno a 4.210 dólares la onza, apoyado por tasas reales contenidas y por un flujo estructural hacia activos refugio en un entorno de elevada deuda pública y política monetaria en transición.

Sobre este telón de fondo táctico se superpone una narrativa de medio plazo marcada por una “gran rotación” a nivel global. La ponderación conjunta de tecnología y comunicaciones ronda ya el 45% del S&P 500, un nivel históricamente elevado que concentra riesgos en un grupo reducido de compañías de megacapitalización. Distintos análisis señalan que, mientras este segmento concentra casi la mitad de la capitalización, sectores como el financiero representan apenas cerca del 13% del índice pero aportan alrededor del 18,4% de las utilidades, y que los mercados fuera de Estados Unidos han comenzado a recuperar terreno, con rentabilidades acumuladas cercanas al 19,7% frente a 16,8% en EE. UU. en ciertos tramos recientes. Esta combinación ha reactivado el debate sobre una rotación desde las “Mag-7” hacia el resto del universo accionario —la llamada “Impressive-493”— y hacia activos reales.

En ese contexto, la plata se ha convertido en uno de los vectores más destacados del año. El metal ha marcado un máximo histórico en torno a 59 dólares la onza, con una subida cercana al 102% en el año, superando incluso el avance del oro, que ronda el 60%. Detrás de este movimiento hay factores estructurales: se encadena un quinto año consecutivo de déficit de oferta, la demanda industrial ya absorbe cerca del 80% de la producción minera (frente al 51% en 2015) y los inventarios han caído de forma significativa —del orden de 30% en Londres y cerca de 80% en Shanghái—, lo que refuerza la percepción de un “squeeze” estructural, con bancos y participantes institucionales cada vez más expuestos a la necesidad de renovar posiciones vía futuros ante la escasez de metal físico. Algunos análisis técnicos plantean escenarios donde la plata podría alcanzar niveles sustancialmente superiores —cercanos a 600 dólares la onza en un horizonte de varios años—, mientras que las mineras vinculadas al metal han registrado revalorizaciones de tres dígitos.

La dimensión de liquidez también está en el centro del diagnóstico para 2026. El quantitative tightening ha concluido formalmente y se observan señales de apoyo implícito al sistema: la Fed ha realizado inyecciones de liquidez en el mercado de repos del orden de 13.500 millones de dólares y el Tesoro ha lanzado programas de recompra de deuda por alrededor de 12.500 millones, lo que contribuye a aliviar tensiones en los tramos más sensibles de la curva. De cara al FOMC de esta semana, las probabilidades implícitas asignan cerca de un 87% a un recorte de 25 puntos básicos, al tiempo que los precios descuentan un ciclo de recortes adicionales a lo largo de 2026.

Sin embargo, los mercados de bonos envían señales más matizadas. Lejos de una caída uniforme de los rendimientos, en varias jurisdicciones se observan repuntes que reflejan la preocupación por el aumento de la deuda soberana y por el riesgo de que la inflación pueda repuntar más adelante. El bono japonés a 10 años, por ejemplo, se aproxima a 1,94%, su nivel más alto en 18 años, subrayando el cambio de régimen monetario en una de las principales fuentes históricas de demanda de deuda global. Esta tensión entre una Fed que se encamina a recortar y unas curvas que aún muestran presiones alcistas en los tipos largos es uno de los ejes a seguir en 2026.

El segmento de inteligencia artificial también se encuentra bajo una lupa más crítica. Se registran caídas recientes en el número de usuarios de algunos modelos emblemáticos, mientras que las principales plataformas acumulan pérdidas significativas y afrontan necesidades de liquidez en un contexto de capex previsto en centros de datos del orden de 8 billones de dólares sin una visibilidad plena sobre los retornos. Grandes casas de inversión, como Goldman Sachs, advierten del riesgo de una corrección de 15%-20% en los nombres más expuestos si las expectativas de monetización no se materializan al ritmo implícito en las valuaciones actuales, que en casos como Nvidia recuerdan a múltiplos observados en la burbuja tecnológica de principios de los 2000.

En criptoactivos, Bitcoin se mantiene por debajo de 90.000 dólares tras siete semanas negativas de las últimas nueve, con episodios de “flash crash” que han supuesto liquidaciones por más de 500 millones de dólares en posiciones apalancadas. Algunas compañías fuertemente expuestas al activo, como MicroStrategy, cotizan con un valor de mercado por debajo del valor contable de sus tenencias de BTC, lo que alimenta el debate sobre la sostenibilidad de ciertos modelos de negocio y sobre el rol de las criptomonedas en carteras institucionales frente a otros activos reales como el oro y la plata.

En conjunto, la información macro, de mercado y de flujos sugiere que, de cara a 2026, se está configurando una rotación global de gran calado: desde una concentración extrema en mega-tecnológicas estadounidenses hacia activos reales (metales preciosos y otros hard assets), sectores infraponderados como financieros y geografías fuera de Estados Unidos. La combinación de valuaciones exigentes en US tech, cambios en el ciclo de liquidez de la Fed, déficits estructurales en metales —con la plata como protagonista— y un mayor protagonismo de mercados ex-US configura un escenario en el que la diversificación más allá de las grandes tecnológicas estadounidenses vuelve a ser un eje central en la discusión entre inversores institucionales.

@Marex/Stella Capital